Última Carta

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SAN JOSÉ, EL PADRE MÁS TIERNO
SAN JOSÉ, EL PADRE MÁS TIERNO


Dios creó el corazón de José en todo semejante al suyo. Predestinado desde la eternidad para esposo de María, en cuyo seno tomó carne el Hijo de Dios, y por este matrimonio para padre de Jesús, nacido de María, el corazón de José está hecho en todo conforme al de Dios Padre, cuyo corazón rebosa ternura, como manifestación especial del amor, que Dios es amor. Es esta una de las notas más destacadas del corazón de Dios en las Escrituras. Acuérdate que tu misericordia y tu ternura son eternas (Salm 25,6).Cual la ternura de un padre para con su hijo, así de tierno es Yahvé para los que le temen (Sal103,13). El que todas las culpas perdona…rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura (V 3-4). El retrato que nos hace de Dios el salmista es el de la ternura, de la misericordia, de la benignidad. En la misma línea el autor del salmo 145 “el himno de alabanza por excelencia” (Origenes) proclama: “piadoso y tierno es Yahvé, lento ala ira y rico en amor. Bueno es Yahvé con todos, su ternura está sobre todas sus obras” (V 8-9). Es la ternura que experimenta el Trito Isaías, que expresa con estas dulcísimas palabras: “como un hijo a quine su madre consuela, así os consolaré yo a vosotros. Os amamantaré en mis brazos y os acariciaré sobre mis rodillas” (Is 66,13-12).Son las palabras que hicieron caer en éxtasis a santa Teresita: Jamás palabras más tiernas consolaron mi alma. Es ella una de las santas que más tiernamente han sentido la ternura de Dios Padre: “Dios es más tierno que una madre” (MA 80v). San Juan de la Cruz nos dice a su vez: No hay amor de madre que con tanta ternura acaricien a su hijo…¡Tan profunda es la humildad y dulzura de Dios! (CE 27,1) Esta ternura la derramó Dios Padre en el corazón de José a raudales y es la ternura que sentía San José por su hijo Jesús. Desde que nació en Belén lo rodeó de afabilidad y ternura, a la que el niño y joven Jesús correspondía llamándolo Abba, Papá. En el Espíritu Santo encontró José la fuente del amor que regeneró y sublimó su amor humano paternal, haciéndole el más grande y poniendo en él toda aquella solicitud y ternura que el corazón de un padre puede sentir y conocer. San José por obra de Dios Padre y del Espíritu Santo es el más tierno de los padres. En su corazón sembraron los sentimientos más ricos y nobles para con su hijo Jesús, el amor más tierno y la ternura más amorosa, la bondad más dulce, la solicitad más empeñada, la preocupación más constante, el cuidado y custodia más exquisitos. La primera vez que José sintió al niño Jesús llamarle Abba, Papá, su corazón estalló de ternura y sus labios se hicieron un beso interminable y al mismo tiempo no ha podido menos de decirle con la misma ternura a ese hijo que tiene en sus brazos, tan misterioso por nacido del Espíritu santo, tenoki, hijo mío La grandeza de San José es la de su amor inmenso y su ternura incalculable de padre. En la familia de Nazaret la imagen e idea que se tiene de San José es que es un verdadero Papá para Jesús, que lo que se puede decir de más verdadero, de más bueno y de más bello es que San José era tan bueno –qué bueno es San José, decía Santa Teresita- tan tierno e intensamente amable que para el niño y joven Jesús que era la imagen de la ternura y bondad de su Abba, Papá del cielo. José era para Jesús el icono de su Abba, Papá celestial, el rostro visible de su tiernísimo Papá del cielo. La ternura con que José le trataba en todo fue el camino para Jesús para descubrir día a día la ternura en que le envolvía su Papá del cielo. Y en esta ternura exquisita que experimentaba Jesús de su padre José a diario y la familiaridad y confianza con que le llamaba Abba Papá esta inspirada la oración cristiana del Padre nuestro, la oración de los hijos de Dios, enseñada a sus apóstoles Como colofón a estas palabras sobre San José el padre más tierno, quiero recordar las palabras del Papa Francisco en una entrevista que le hizo el periodista Andrea Tornielli para la Stampa de Turín y para la web Vatican Insider:¿Cuál es el mensaje de la Navidad para las personas de hoy? Nos habla de la ternura y de la esperanza, Dios al encontrarse con nosotros nos dice dos cosas. La primera, tened esperanza. Dios siempre abre las puertas, nunca las cierra. Es el papá que nos abre las puertas. Segunda: no tengáis miedo a la ternura. Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura se vuelven una iglesia fría, que no sabe donde ir y se enreda en las ideologías, en las actividades mundanas. Mientras la sencillez de Dios te dice: Sigue adelante, yo soy un Padre que te acaricia Tengo miedo cuando los cristianos pierden la esperanza y la capacidad de abrazar y de acariciar…En mi vida como sacerdote, yendo a la parroquia, siempre traté de trasmitir esta ternura, sobre todo a los niños y a los ancianos. Me hace bien y pienso en la ternura que Dios tiene por nosotros
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SAN JOSÉ ANTE EL NOMBRE DE JESÚS
SAN JOSÉ ANTE EL NOMBRE DE JESÚS
P. Román LLamas

El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús (Mt 1,20-21). A lo largo de los siglos este nombre de Jesús ha provocado en corazones santos, nobles y sensibles, los sentimientos más puros, las ansias más anhelantes, las reflexiones más profundas y sentidas, los deseos más apasionados y los gozos más sabrosos. Sólo voy recoger algunos casos. Y comienzo por San Juan Crisóstomo que escribe: “Por la misma razón trajo el ángel del cielo el nombre de Jesús, dando a entender cuán maravillosa era la concepción, por el hecho de ser Dios mismo quien por ministerio el ángel enviaba a José el nombre que había de ponerse al niño. Y a la vedad no es este un nombre puesto al azar, sino un tesoro de bienes infinitos. Y así lleva a José a creer en su mensaje”( Homiliae in Matheum, hom. 4,7; PG 57,47) El nombre de Jesús es tesoro de bienes infinitos Es una lástima que no nos haya desgranado algunos de los bienes de ese tesoro. Es lo que hacen otros santos que vienen después de él. San Bernardo en uno de sus sermones nos deleita con estas expresiones: El nombre de Jesús luce cuando es predicado. ¿De dónde pensáis salió tan grande y súbita luz de la fe a todo el mundo sino el nombre de Jesús predicado? Es comida que alimenta cuando se le medita. ¿Qué otra cosa hay que nutra tanto el espíritu del que lo medita. El nombre de Jesús es luz y alimento. Todo alimento es desabrido si no se condimenta con este aceite, insípido si no se sazona con esta sal. El leer me fastidia si no leo el nombre de Jesús. El hablar me disgusta si no se habla de Jesús. JESÚS ES MIEL EN LA BOCA, MELODÍA EN EL OIDO, JÚBILO EN EL CORAZÓN? Es medicina que unge y alivia cuando se le invoca, medicina infalible para todos los achaques y enfermedades del alma. (Sermón 15 sobre el Cantar de los cantares). San Bernardino de Siena, promotor incansable de este santísimo Nombre y que predicaba mostrando en una tabla el monograma de Jesús, JHS, predicaba que “el nombre de Jesús es el brillo de los predicadores…¿De dónde, piensas, que procede tanto esplendor y que tan rápidamente se haya propagado la fe por todo el mundo sino por haber predicado a Jesús?¿Acaso no es por la luz y dulzura de este nombre por el que Dios nos llamó y conduce a la gloria?...¡Oh nombre glorioso, nombre regalado, nombre amoroso y santo! Por ti la culpa se borra, loe enemigos huyen vencidos, los enfermos sanan, los atribulados y tentados se robustecen y se siente gozosos todos. Tú eres la honra de los creyentes, tú el maestrote los predicadores, tú la fuerza de los que trabajan, tú el valor d elos débiles.” Y es que el nombre de Jesús equivale a la persona misma de Jesús. Decir que le nombre de Jesús es tesoro de bienes infinitos es decir que Jesús es tesoro de bienes infinitos, es toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. ¿De quién me han venido todos los bienes, sino de Vos, Jesús?, dice Santa Teresa de Jesús. San José quedó extasiado cuando pronunció por primera vez el nombre de Jesús. Oficialmente se lo impone a los ocho días de su nacimiento en la ceremonia de la circuncisión, y Jesús es la única palabra del Santo que nos guarda el evangelio, pero ¡Qué palabra! Porque llamarle Jesús lo haría desde el momento que le vio nacido de su esposa juntamente con ella y lo repetirían en silencio contemplativo. Escribe el recién declarado Doctor de la Iglesia San Juan de Ávila: “Contó el uno al otro el dulce nombre de Jesús que el ángel les había dicho que pusiesen al Niño después de nacido; y fue muy particular gozo entre ellos de oír nombre tan excelente y consolativo como es Jesús, que quiere decir Salvador y, como el ángel les dijo, Salvador de los pecados”. (Sermón de san José). ¿Qué sentirían San José y la Virgen al oír por primera vez, pronunciado por sus labios, el nombre dulcísimo de Jesús? Se les hizo miel exquisita en la boca, melodía celestial en el oído y júbilo exultante en el corazón.
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San José el filósofo
San José el filósofo
P. Román Llamas

A más de uno extrañara este título dado a San José. Se lo da san Juan Crisóstomo (344?-407) un santo Padre de la Iglesia de Oriente del siglo IV. Repetidas veces le da el título de filósofo y repetidas veces habla de la filosofía de San José. “Pues el que filosofaba por encima de la ley (puesto que dejar a la Virgen y dejarla en secreto, era de quien filosofaba por encima de la ley) ¿cómo podría obrar algo contra la ley sin que necesidad alguna le forzara a ello?” (Hom. in Mat, 2,4:PG57,28). Ante el misterio de la preñez de María por obra del Espíritu santo afirma que San José no solo no quiso castigarla, sino tampoco entregarla al público deshonor. “Ahí tienes a un varón filósofo, libre de la más tiránica de las pasiones”. Obra por encima de la ley; ante ese misterio José dio muestras de la más alta filosofía, pues no acusó ni deshonró a la Virgen, sino que solo pensó en abandonarla en secreto (Hom. in Mat, 4,4;PG 57,43-44). Para poder comprender todo el sentido y contenido de estas palabras aplicadas a san José, es necesario recorrer los muchos lugares en que habla de la filosofía de otros personajes de la Biblia y aún de la hagiografía cristiana o de la filosofía cristiana... Así presenta a como modelo de una alta filosofía en su. comportamiento ante las persecuciones del rey Saúl.”Y lo que hizo con Saúl no una ni dos veces, sino muchas ¡cómo muestra el culmen de la filosofía! Hablando de los tres jóvenes hebreos echados por orden de Nabudonosor en el horno de fuego, contrapone su condición de estar desprovistos de todo a la conducta y boato del rey que tiene riquezas, oro, fausto… dice que “les basta su filosofía y esta sola, la cual les hace brillar más que al que se ciñe de diadema y viste de púrpura y esta rodeado de todo, a ellos que no tienen nada de esto”(Hom.in Mat. 4,3;PG 57,39). En medio de Babilonia exhibieron una suma filosofía. Habla de la filosofía de Juan Bautista en el desierto y cuando baja alas ciudades baja como un ángel de los cielos, atleta en piedad, campeón del orbe y filósofo con una filosofía digna del cielo. Al hablar de la filosofía de los Magos dice que ofrecen dones propio de la filosofía eclesiástica: el reconocimiento, la obediencia y la caridad al Niño Dios. (Hom. in Mat. 8,1;PG 57,83) Recomienda la Vida de San Antonio Abad, escrita por san Atanasio y dice que “de ella se saca mucha filosofía (Hom. in Mat. 8,5; PG 57,88). Afirma que una fuerza divina penetraba a los apóstoles y evangelistas para escribir lo que escribieron. “Porque de no ser así ¿cómo habrían podido enseñar tan alta filosofía un alcabalero, un pescador y un iletrado?” (Hom. in Mat. 1,4; PG 57,18). Claramente nos dice que la alta filosofía es la doctrina evangélica y la enseñanza evangélica. El Evangelio es la más alta filosofía. Por eso hablado de las enseñanzas de Cristo en breves y claras sentencias que nos enseñan lo que es justo y honesto y provechoso y todas las virtudes, dice que allí puede verse la altísima filosofía y que las armas de los soldados de Cristo “no están compuestas de acero y de hierro, sino de verdad, de justicia, de fe, de toda filosofía” (Hom in Mat. 1,6;PG 57.20). Para él la humildades madre de todos los bienes, “es el principio de toda filosofía, igual que la soberbia es fuente de toda maldad”(Hom. in Mat. 3,6; PG 57, 38). Claramente nos dice que toda filosofía equivale a toda bondad. De todos estos textos y otros semejantes podemos concluir razonablemente que cuando San Juan Crisóstomo habla de san José filósofo de su filosofía se refiere a su santidad de vida, a su bondad, a su grandeza espiritual. Quiere decir que San José ha vivido la enseñanza del Evangelio, su entraña y su esencia con una fidelidad y una intensidad únicas, que ha vivido a Dios Padre, a Jesús y María y a todos los hombres hasta el martirio. Ha vivido la justicia, en el sentido bíblico de misericordia, bondad, fidelidad, salvación, compasión, de una manera singular, ha vivido el reconocimiento de su Hijo como Salvador y Redentor y de su esposa como madre y virgen, la obediencia, sometimiento total del entendimiento y de la voluntad, al Padre del cielo con una intensidad y perfección íntegras. Ha llegado a la cima de la santidad evangélica, tal como la propone el Evangelio. En una palabra, San José poseyó y vivió en grado perfecto todas las virtudes excelsas, sencillas y evangélicas. Un santo en todo virtuoso, un santo en todo perfecto y cabal. Esta es la altísima filosofía de san José sobre todos los demás santos, después de la Virgen María, su esposa.
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San José Obrero
San José Obrero
Pablo VI

"Vosotros, los hijos del trabajo, que durante siglos habéis sido los esclavos de la labor, buscad a aquel que declara que la vida es sagrada, que el obrero es libre de las cadenas que la primacía del materialismo y del egoísmo económico han soldado no sólo en torno de los puños de los trabajadores, sino en torno de su corazón y de su espíritu… Buscad un principio, una razón que haga a los hombres iguales, solidarios entre sí, y que les devuelva la fraternidad. Y ello no en el odio contra otros hombres... Ya que todos viven en una comunidad natural, que traten de formar una sociedad humana y que sientan la grandeza de ser un pueblo"
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EL PASMO DE SAN JOSÉ
EL PASMO DE SAN JOSÉ
P. Román Llamas

El pasmo es la extrañeza o admiración tan grande ante cualquier realidad asombrosa y deslumbrabte que te deja sin saber que hacer o qué decir La admiración y el asombro o pasmo surgen ante realidades que, al mismo tiempo que tocadas de belleza, originalidad y maravilla, te sorprenden inesperada y gratamente. Un panorama de ensueño, una puesta de sol deslumbrante, una pieza de música interpretada magistralmente, las preguntas o respuestas inesperadas y llamativas de un niño… El mundo material, la creación, y el mundo espiritual están vestidos de hermosura y encierran a raudales maravillas y encantos que admiran, maravillan y pasman a los mortales. Dios, con solo mirarlas en la figura de su Hijo, las dejó vestidas de su hermosura y alegría, natural y sobrenatural.. El pasmo es la actitud que sorprende San Juan de la Cruz en la Virgen María ante el recién nacido de su seno, Jesús el Salvador del mundo: Y la Madre estaba en pasmo / de que tal trueque veía;/ el llanto del hombre en Dios/ y en el hombre la alegría. El lenguaje ante lo que causa admiración, asombro y pasmo es el silencio contemplativo y la exclamación: ¡Oh! o Cuán, que significa encarecimiento afectuoso y, cada vez que se dicen, dan a entender del interior más de lo que se dice por la lengua. Esta actitud de pasmo, este porte de asombro lo destaca el evangelista San Lucas en san José, junto con su esposa la Virgen María, en tres ocasiones. La primera cuando María acaba de dar a luz a su hijo en el pesebre de Belén. A poco de nacer llegaron unos pastores que, estando velando sus rebaños en los alrededores de la ciudad, recibieron del cielo el anuncio gozoso de que les ha nacido el Salvador. Ni cortos ni perezosos se ponen en camino para ver al Niño y le encuentran en el pesebre con sus padres María y José. Comienzan a contar y relatar del Niño y José y María estaban maravillados, pasmados de lo que oían. ¿Qué dirían de aquel Niño, que ellos saben por la revelación del ángel que es el Salvador del mundo? La segunda, es cuando José y María llevaron al Niño al templo para celebrarr la ceremonia de la Presentación del mismo al Señor. Al tomarlo en su brazos el piadoso anciano Simeón vaticinó de él cosas admirables y singulares –una especie de bienaventuranza gitana a lo divino- y su padre y su madre estaban maravillados, pasmados de lo que Simeón dice de él. Y guardan un silencio admirativo. La tercera ocasión es, cuando, en el relato de la pérdida del Niño Jesús en el templo, José y María lo encontraron, tres días después de buscarle con grandísimo dolor sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándoles y preguntándoles.. Y todos los que le oían quedaban estupefactos de la lucidez de sus respuestas y al verle sus padres quedaron maravillados de lo que le oían. Sin duda los momentos de pasmo de San José fueron muchos más en la vida y contacto con su hijo, el misterio viviente que es el joven Jesús, sorprendido tantas veces de lo que le oía y veía en él. Respuestas y comportamiento que le dejaban atónito y maravillado. San José iba de pasmo en pasmo, como María. Y si la admiración, dice Aristóteles, es la fuente de la sabiduría, San José aprendió muchísimo en el trato con su Hijo. San José, en su cotidiano admirarse y maravillarse ante determinados comportamientos y palabras de Jesús, se hizo más meditativo y reflexivo, más profundamente silencioso y la meditación y reflexión silenciosas con amor en su corazón le llevaron ineludiblemente a la penetración y goce de ese misterio que era su Hijo Jesús.. Por eso los hechos –San José no habló, pero hizo- que salen de esa sabiduría desde la admiración y pasmo son realmente elocuentes y estupendos
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LA ASUNCIÓN DE SAN JOSÉ A LOS CIELOS
LA ASUNCIÓN DE SAN JOSÉ A LOS CIELOS
P. Román Llamas

Después de la muerte de San José por amor, cuando quedaban en este tierra Jesús y María, nada sabemos de él. Creemos que fue a gozar de la presencia de Dios, a llenarse del semblante de Dios, como dice el salmista. San Mateo dice que a la muerte de Cristo “se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de los santos difuntos resucitaron y salieron de sus sepulcros después de la resurrección de él, y entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos” (Mt 27,53). La mayoría de Santos Padres, exégetas y teólogos y tratadistas josefinos lo interpretan de una resurrección corporal, como la de Lázaro. Algunos opinan que no fue una resurrección real sino sólo en especie corporal. Unos opinan que resucitaron para no volver a morir, otros en cambio, que volvieron a morir. Sea lo que sea de ese tema, por lo que se refiere a San José, la inmensa mayoría de los autores josefinos y algunos santos están de acuerdo que la resurrección de San José se culmina con sus asunción a los cielos en cuerpo y alma. Gersón (+ 1429) el gran devoto y tratadista josefino y quizás el primero, no se atreve a afirmarlo: “Piense, pues, el alma piadosa si no es el justo José unote ellos (los que resucitaron después de la resurrección de Jesús) y se apareció a María, su castísima esposa, la consoló y finalmente subió al cielo juntamente con Cristo en su ascensión. Glorificado, sin duda, en el alma, si también en el cuerpo no lo sé, Dios lo sabe” (Sermón e la natividad, Consd. tercera, al fin). Sin embargo, San Bernardino de Sena (+ 1444) lo afirma claramente: “Piadosamente se ha de creer, pero no asegurar, que el piadosísimo Hijo de Dios, Jesús, honrase con igual privilegio que a su santísima Madre, a su padre putativo; de modo que como a esta la subió al cielo gloriosa en cuerpo y alma, así también el día de su resurrección unió consigo al santísimo José en la gloria de la resurrección; para que como aquella santa Familia –Cristo, la Virgen y José- vivió junta en la laboriosa vida y en gracia amorosa, así ahora en la gloria feliz reine con el cuerpo y alma en los cielos”(Sermo de S. Joseph, a. 3) Y después se impone unánimemente como creencia piadosa, no como dogma de fe, que San José este en cuerpo y alma en el cielo junto con Jesús y María, aunque no aparezca explícitamente en las Escrituras ni en los Santos Padres, como tampoco aparece la Asunción de María. Es también la opinión piadosa de San Francisco de Sales:”¿Qué nos queda ya que decir sino que no debemos dudar ni en un punto que este glorioso santo tenga gran valimiento con aquel que lo magnificó hasta llevárselo consigo en cuerpo y alma al cielo?...Si es verdad lo que debemos creer que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos en nuestros corazones, nuestros cuerpos resucitarán en el día del juicio Cómo podemos dudar que nuestro Señor haría subir consigo al cielo en cuerpo y alma al glorioso San José, que mereció la honra y la gracia de llevar con tanta frecuencia en sus benditos brazos a Jesús que en ellos tanto se complacía? ¡Cuántos besos le dio tiernísimamente con su boca bendita para recompensar en algún modo sus trabajos! Luego, sin duda ninguna, San José está en el cielo en cuerpo y alma”.(Sermón de San José. BAC, 1953, n.109, p.351-52 Podía multiplicar los textos sobre esta gloria de san José. Quiero solamente citar un autor y teólogo moderno, el P. Bonifacio Llamera, O.P. Aduce 8 razones a favor de esta piadosa sentencia, la ultima es esta: Parece razonable que la Familia Sagrada, integrada por Jesús, María y José, predestinada a iniciar la nueva vida divina del linaje humano con anterioridad a todos los demás cristianos, inicie también la vida gloriosa de la resurrección con anterioridad a todos los demás. Verdad es que Jesús y María son muy superiores a San José, pero esa superioridad no obstó para que el Santo Patriarca perteneciera a la Sagrada Familia y con nexo tan entrañable como el esponsal y paternal. No parece, pues, que estando ya resucitado Jesús, esté sin resucitar su padre, y estando ya resucitada María, esté sin resucitar su dignísimo esposo”. En conclusión, “podemos, por tanto, creer que San José, nuestro amantísimo Patriarca, ha triunfado ya en cuerpo y alma, gozando como todos lo otros santos y de un modo absoluto, de la vida del alma, y también de la vidas del cuerpo, que a él principalmente le es debida, en la divina e inseparable compañía de Jesús y de María” (La teología e San José, p. II, c. 6 p. 306; BAC 1953) San José pertenece al orden hipostático, es decir, el orden de la comunicación de Dios a la criatura humana mediante la Encarnación del Verbo, de su Hijo en el seno de la Virgen María, ese orden supremo de gracia en el que la bondad de Dios se puede comunicar a los hombres, muy superior al orden de la gracia sobrenatural en el que se mueven todos los demás cristianos y santos. A este orden sublime y maravilloso de comunicación de Dios sólo pertenecen Jesús, la virgen María y San José, que ocupa el grado ínfimo, pero muy superior al de todos los santos por ser de un orden muy superior. San José pertenece al orden hipostático por e consentimiento que dio a Dios, cuando “le llamó nuevamente a este amor esponsal” (RC 19) de tomar a María su mujer en su casa, en cuyo nacimiento debía nacer Jesús, y por su paternidad sobre Jesús, en fuerza de este matrimonio. Que San José está incluido en le decreto divino de la Encarnación el Verbo, ya que en él no sólo esta incluido lo que ha de realizarse en el tiempo sino el modo y orden de su ejecución, en palabras de San Tomás. Según este principio y doctrina es conveniente, coherente y lógico y acorde a los modos de Dios que San José este en cuerpo y alma en el cielo junto con María, su esposa y Jesús, su hijo. Sería feo que faltase él. Millones de devotos de San José gozan y disfrutan pensando y viendo a su santo y querido Padre, Señor y Patrono en el cielo en cuerpo y alma en toda su gloria singular y esplendor junto a María, su esposa y su hijo Jesús, de quien no cesa de alcanzar gracias y bendiciones con sus ruegos incesantes, que para Jesús las peticiones de su Padre son mandatos.
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de San José
Aunque le parezca extraño, aquí tiene una especie de
“complejo” dedicado a San José.
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